jueves, 9 de julio de 2020

9 de Julio: Día de la Independencia Argentina



En 1816, convergieron dos hechos fundamentales para la historia nacional: la declaración de la Independencia y la organización final del plan continental del general José de San Martín, que sería el garante de esa independencia y la llevaría más allá de las Provincias Unidas.

El contexto internacional en el que esto ocurría era complejo: España se había liberado de los franceses y el rey Fernando VII había vuelto al trono y se predisponía a recuperar los territorios americanos que estaban en manos de los revolucionarios. El ejército realista había comenzado a avanzar por toda la región derrotando a una parte de los movimientos independentistas americanos.

Ante esa situación, las Provincias Unidas se juntaron para decidir qué hacer frente al peligro realista. El Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sudamérica se reunió en San Miguel de Tucumán para limar asperezas entre Buenos Aires y las provincias, pues sus relaciones estaban deterioradas.

Cada provincia eligió un diputado cada 15.000 habitantes. Las sesiones del Congreso se iniciaron el 24 de marzo de 1816 con la presencia de 33 diputados de los 34 elegidos.

Finalmente, y después de arduas discusiones, el 9 de julio de 1816 los representantes firmaron la declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica y la afirmación de la voluntad de “investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli” y “de toda otra dominación extranjera”. De este modo, después del proceso político iniciado con la Revolución de Mayo de 1810, se asumió por primera vez una manifiesta voluntad de emancipación.

La Casa Histórica de la Independencia

La casa histórica de Tucumán se construyó en 1760. Pertenecía a una importante familia local, la de Francisca Bazán, esposa de Miguel Laguna. Era una casa con varias habitaciones, patios que las conectaban y su único ornamento eran unas columnas salomónicas ubicadas a los costados de la puerta principal.

Después de ser sede del Congreso donde se declaró la Independencia, fue alquilada para la imprenta del ejército, el servicio de Telégrafo y el Juzgado Federal. En 1869, el fotógrafo Ángel Paganelli, que visitaba la ciudad de San Miguel de Tucumán, registró el deterioro del edificio a solicitud de un grupo de vecinos para llamar la atención de las autoridades en pos de la conservación.

En 1904, el gobierno la restauró pero debido a su pésimo estado tuvo que demoler gran parte de la vieja casa. La única parte que fue salvada fue el Salón de la Jura de la Independencia. La reconstrucción intentó ajustarse al máximo en cada detalle del edificio original utilizando, incluso, los mismos tipos de ladrillos, tejas y baldosas.

En 1941 fue declarada monumento histórico. Actualmente funciona como museo y es centro tradicional de los festejos por la Declaración de la Independencia.

Allí cada día 9, el Liceo Militar “General Aráoz de Lamadrid” realiza el relevo de guardia en el Museo de la Casa Histórica de la Independencia.

Con la intención de resaltar las tradiciones de nuestro pasado, los soldados del Liceo Militar, con el uniforme del Regimiento de Infantería de Montaña 10 y acompañados por la Banda Militar “Sargento Primero Pedro Bustamante” del Instituto, realizan esta ceremonia.

 

De esta forma, el Ejército Argentino junto al pueblo tucumano recuerdan el pasado y mantienen la honesta tarea de custodiar la histórica vivienda donde se juró y se proclamó nuestra Independencia aquel 9 de julio de 1816.

La Proclama de la Independencia

Mientras preparaba en Cuyo al Ejército que cruzaría Los Andes, San Martín se mostraba impaciente para que el Congreso reunido en Tucumán proclamara la Independencia. En una de las cartas que mantiene con uno de los congresales, el representante de Cuyo, Tomás Godoy Cruz, escribía: "¿Hasta cuándo esperamos para declarar la Independencia? ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional, y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos?". Y concluía: "Veamos claro, mi amigo, si no se hace, el Congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo este la Soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir a Fernandito".

El contexto era sumamente complejo, los realistas habían recuperado amplios territorios en América, entre ellos, Chile y buena parte del Alto Perú, lo que constituía toda una amenaza para las Provincias Unidas. En Europa, se asistía a la restauración de las monarquías; en la Banda Oriental, podía constatarse el avance portugués; y en el plano interno, las relaciones entre el gobierno central y el litoral estaban quebradas. Asimismo, las relaciones entre Buenos Aires y provincias que participaban del Congreso no estaban exentas de tensiones.

Finalmente, el acta de la Independencia se firmó el 9 de julio de 1816, donde prevaleció una postura que representaba el mandato de la mayoría de las provincias: investir a las Provincias Unidas del "alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli". Quedaba expresamente rechazada toda fórmula intermedia que habilitara algún tipo de protectorado. Se trató, pues, de una manifestación clara, acorde con el pedido de San Martín, de declarar la Independencia absoluta de las Provincias Unidas respecto a la corona española y "de toda otra dominación extranjera", según la fórmula agregada a la proclama días después en las siguientes sesiones del Congreso.

La proclama se publicó en español. También en quechua y aymará con el fin de incorporar al proceso a los pueblos originarios.

Los Diputados

Los 29 diputados del Congreso de Tucumán que suscribieron el acta de Independencia declarada por el Congreso de las Provincias Unidas en Sud América fueron:

• Presidente: Francisco Narciso de Laprida, diputado por San Juan.

• Vicepresidente: Mariano Boedo, diputado por Salta.

• Secretarios: José Mariano Serrano, diputado por Charcas y Juan José Paso, diputado por Buenos Aires

• Diputados:

- Por Buenos Aires: Dr. Antonio Sáenz, Dr. José Darragueira, Fray Cayetano José Rodríguez, Dr. Pedro Medrano, Dr. Esteban Agustín Gascón y Dr. Tomás Manuel de Anchorena.

- Por Catamarca: Dr. Manuel Antonio Acevedo y Dr. José Eusebio Colombres.

- Por Córdoba: Eduardo Pérez Bulnes, José Antonio Cabrera y Lic. Jerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera.

- Por Jujuy: Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante.

- Por La Rioja: Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros.

- Por Mendoza: Tomás Godoy Cruz y Dr. Juan Agustín Maza.

- Por Salta: Dr. José Ignacio de Gorriti.

- Por San Juan: Fray Justo Santa María de Oro.

- Por Santiago del Estero: Pedro Francisco de Uriarte y Pedro León Gallo.

- Por Tucumán: Dr. Pedro Miguel Aráoz y Dr. José Ignacio Thames.

- Por Mizque: Pedro Ignacio Rivera.

- Por Charcas: Dr. Mariano Sánchez de Loria y Dr. José Severo Malabia.

- Por Chichas (incluyendo a Tarija): Dr. José Andrés Pacheco de Melo

 

En esa sesión no estuvieron presentes cinco diputados: el coronel José Moldes (Salta), que se encontraba detenido; el coronel Juan José Feliciano Fernández Campero (Chichas), que estaba al mando de tropas en el frente de combate; el presbítero Miguel Calixto del Corro (Córdoba), que estaba realizando una misión diplomática ante José Artigas; el médico Pedro Buenaventura Carrasco (Cochabamba), que estaba en servicio en el Ejército del Norte y el diputado Juan Martín de Pueyrredón (San Luis), que había viajado a Buenos Aires para asumir el cargo de Director Supremo.

Publicado el martes 09 de julio de 2019

https://www.argentina.gob.ar/noticias/9-de-julio-dia-de-la-independencia-argentina



jueves, 7 de mayo de 2020

11 Día del Himno Nacional

11 de Mayo de 1813

El Himno Nacional fue aprobado como la única canción de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Fue escrito por Vicente López y Planes y la música por el maestro catalán Blas Parera.

Historia del Himno Nacional Argentino

    Al parecer, todo comienza el 24 de mayo de 1812, con la representación en la Casa de Comedia de la pieza teatral El 25 de Mayo, de Luis Ambrosio Morante, cuyo final desembocaba en un encendido himno coreado por los actores, sobre música original de Blas Parera.

    La versión más romántica de la historia señala que entre l
os espectadores se encontraba Vicente López y Planes, quien embriagado de inspiración habría escrito esa misma noche la primera estrofa de un himno que pronto reemplazaría al de Morante. Con ligeras variaciones, esta es la versión que se refleja en películas como La creación del himno (Mario Gallo, 1910) y El grito sagrado (Luis César Amadori, 1952).

    En noviembre de 1812 fue auditada frente a las autoridades de la Asamblea, en los primeros días de mayo de 1813 la primera interpretación la realizó en su casa la patriota Mariquita Sánchez de Thompson y, finalmente, la Asamblea, proclamó el 11 de mayo, que la canción compuesta por versos de Vicente López y Planes y con música de Blas Parera, se convirtiera en el himno oficial. Eso sí, la versión original es bastante más extensa a la que conocemos hoy en día…


Letra del Himno Nacional Argentino (Versión original)

Oíd mortales el grito sagrado
Libertad, libertad, libertad;
Oíd el ruido de rotas cadenas
Ved el trono a la noble igualdad
Se levanta en la faz de la tierra
Una nueva, gloriosa nación
Coronada su cien de laureles

Y a sus plantas rendido un león.

Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.

De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
La grandeza se anima en sus pechos;
A su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas

Y en sus huecos revive el ardor
Lo que va renovando a sus hijos
De la Patria el antiguo esplendor.

Pero muros y sierras se sienten
Retumbar con horrible fragor
Todo el país se conturba por gritos
De venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
Escupió su pestífera hiel
Su estandarte sangriento levantan
Provocando a la lid más cruel.

¿No los veis sobre México y Quito
Arrojarse con saña tenaz?
¿Y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
Luto y llantos, y muerte esparcir?

¿No los veis devorando cual fieras
Todo pueblo que logran rendir?

A vosotros se atreve argentinos
El orgullo del vil invasor
Vuestros campos ya pisa cantando
Tantas glorias hollar vencedor
Mas los bravos, que unidos juraron
Su feliz libertad sostener
A estos tigres sedientos de sangre
Fuertes pechos sabrán oponer.

El valiente argentino a las armas
Corre ardiendo con brío y valor
El clarín de la guerra, cual trueno
En los campos del sud resonó
Buenos Aires se opone a la frente
De los pueblos de la ínclita unión

Y con brazos robustos desgarran
Al ibérico altivo león.

San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán
La colonia y las mismas murallas
Del tirano en la banda oriental
Son letreros eternos que dicen:
Aquí el brazo argentino triunfó
Aquí el fiero opresor de la Patria
Su cerviz orgullosa dobló.

La victoria al guerrero argentino
Con sus alas brillantes cubrió
Y azorado a su vista el tirano
Con infamia a la fuga se dio
Sus banderas, sus armas se rinden
Por trofeos a la libertad
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
Trono digno a su gran majestad.

Desde un polo hasta el otro resuena
De la fama el sonoro clarín
Y de América el nombre enseñado
Les repite, mortales oíd:
Ya su trono dignísimo abrieron
Las provincias unidas del Sud
Y los libres del mundo responden:
Al gran pueblo argentino salud.



Las modificaciones en el Himno Nacional

Está claro que la versión del Himno Nacional Argentino tal y cual la conocemos en la actualidad está bastante más reducida que la versión original. Y todo tiene su por qué… Resulta que como la composición que llevaron a cabo Vicente López y Planes y Blas Parera alcanzaba cerca de los 20 minutos, se decidió abreviar las estrofas.

Esa tarea fue encomendada al músico porteño Juan Pedro Esnaola, aunque sus arreglos fueron aceptados recién algunas décadas después. Fue en el año 1900, durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca, que empezaron las modificaciones. Además de la duración por la que originalmente se cambió el himno, en ésa época también se sumó que se consideraba que la letra molestaba y complicaba las relaciones del país con España a futuro. Por lo tanto, aunque la idea inicial de Roca era modificar parte del texto, se decidió a través del decreto del 30/03/1900 cuáles estrofas cantar y cuáles no. ¿Qué se resolvió? Que se cantarían los primeros cuatro versos, los últimos cuatro y el coro.

La polémica continuó por años entre historiadores, intelectuales y el periodismo, pero finalmente, en 1928, bajo la presidencia de Marcelo T. de Alvear, se le puso punto final al debate: se formó una comisión y se ratificó la versión de Esnaola con los recortes decretados por Roca.

Juan Pedro Esnaola, el hombre que cambió el Himno Nacional

Nació en Buenos Aires el 17 de agosto de 1808. Fueron sus padres José Joaquín Esnaola y Josefa Picasarri. Sus inclinaciones artísticas lo llevaron al aprendizaje de la música. En 1819 viajó a Europa para perfeccionarse en el Conservatorio de París, donde aprendió contrapunto con los más acreditados maestros y llegó a ser considerado un “niño prodigio”. A su regreso, en 1822, fue ya un compositor dotado de todos los medios técnicos que su época podía proporcionar. Su primer trabajo fue una misa a tres voces, seguido por un réquiem para orquesta, una sinfonía y una cavatina, además de obras de carácter religioso. Se ganó la vida como profesor de música. Entre sus alumnas se contaba a Manuelita Rosas, la hija de sus amigos Juan Manuel de Rosas. En 1842 fue nombrado presidente del Banco Central de la Provincia de Buenos Aires y en 1866 de la Casa de la Moneda. Su obra musical de más trascendencia fue el arreglo al Himno Nacional Argentino, que realizó en 1860. Tuvo a su cargo la creación de una Escuela de Música y Declamación, precursora del Conservatorio Nacional. Falleció en Buenos Aires, el 8 de julio de 1878.



martes, 28 de abril de 2020

1 de Mayo


1° de mayo – Día del trabajador



Autor: Felipe Pigna.
Algunos almanaques todavía insisten: 1º de Mayo «Día del Trabajo». Pero siempre fue más justo hablar del día de los trabajadores. Todo comenzó a fines de abril de 1886, cuando un grupo de obreros anarquistas lanzó en Chicago una campaña para lograr la jornada de ocho horas, cuando se trabajaban 14 y a veces más.
No había límites para la explotación y, como lógica contrapartida, tampoco los había para la utopía de los dueños de nada, que querían dar vuelta un mundo que ya estaba patas para arriba. El 1º de mayo convocaron a una gran manifestación. Allí estaban los obreros con sus mujeres y sus hijos. Para ellos querían las ocho horas, para poder estar con su familia, para poder ver crecer a su hijos, para terminar con el oprobio de llegar con todo el cansancio en el cuerpo a sus casas, ver dormir a sus hijos y levantarse a las pocas horas para volver a la fábrica, para leer y formarse, para poder compartir la vida y los sueños con sus mujeres.

El agresor nunca pudo ser identificado y se sospechó que pudo tratarse de un provocador de la patronal. La mayor democracia del mundo respondió brutalmente. Se desató de inmediato la furia policial y en pocos minutos los muertos obreros se contaban por decenas. El saldo final fue de ochenta trabajadores fallecidos y doscientos heridos.Pero sus justos reclamos fueron violentamente reprimidos por la policía y quedaron tendidos sobre el empedrado dos trabajadores muertos. Tres días después se convocó a otra marcha y esta vez la represión fue peor. En medio de la confusión alguien arrojó una bomba y murieron varios uniformados.
Desde el poder se lanzó la «caza del anarquista». Fueron detenidos ocho dirigentes sindicales en los que se intentó escarmentar a toda la clase trabajadora de los Estados Unidos. Se trataba de Adolph Fischer, Augusto Spies, Albert Parsons, George Engel, Louis Lingg, Michael Schwab, Samuel Fielden y Oscar Neebe. Tras un breve y parcial proceso, los cuatro primeros fueron ahorcados el 11 de noviembre de de 1887.
Poco antes de morir, George Engel, que había nacido en Alemania hacía 50 años, alcanzó a decir ante el tribunal: «¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonan millones otros caen en la degradación y la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizadas en beneficio de todos. Vuestras leyes están en oposición con las de la naturaleza, y mediante ellas robáis a las masas el derecho a la vida, la libertad, el bienestar». Lingg prefirió suicidarse con una bomba que él mismo había preparado en la cárcel antes de padecer la “justicia del sistema”. Michael Schwab y Samuel Fielden fueron condenados a prisión perpetua y Oscar Neebe, a 15 años de reclusión.
Miguel Schawb dijo al escuchar su condena que no reconocía en aquel tribunal ninguna autoridad y que su lucha y la de sus compañeros era de una justicia tan evidente que no había nada que demostrar y que ellos luchaban por las 8 horas de trabajo pero que: “Cuatro horas de trabajo por día serían suficientes para producir todo lo necesario para una vida confortable, con arreglo a las estadísticas. Sobraría, pues, tiempo para dedicarse a las ciencias y el arte». Porque, claro, las ciencias y el arte deben ser para todos. Siete años más tarde los detenidos fueron indultados por el gobernador del estado de Illinois.
En 1889, la Conferencia Internacional de Trabajadores, reunida en París, acordó fijar el 1º de mayo de cada año como el día de los trabajadores, una jornada que deberá ser de lucha y recuerdo de sus compañeros, de aquellos «mártires de Chicago».
Al año siguiente, los representantes del incipiente movimiento obrero argentino se reunieron en el Prado Español y decidieron conmemorar en adelante el 1º de mayo en nuestro país. Entre 1880 y 1901 se multiplicaron las sociedades de resistencias, se fundaron numerosos gremios, como el de los panaderos, aquellos que estigmatizaban a los curas y a los militares desde algo tan cotidiano y masivo como las facturas, bautizándolas con nombres como «sacramentos», «bolas de fraile», «vigilantes», «cañoncitos», «bombas de crema» y «suspiros de monja».
Floreció la prensa obrera con sus dos grandes exponentes La Vanguardia, el periódico socialista fundado en 1894 y La Protesta, la voz de los anarquistas, que comenzó a editarse en 1897, un año después que Juan Bautista Justo fundara el Partido Socialista. La idea de una central única de trabajadores se concretó en mayo de 1901 con la creación de la Federación Obrera Argentina, la FOA, que nucleaba a la mayoría de los gremios del país. En aquel año recordaba un militante obrero: «…la manifestación obrera conmemorativa del 1º de Mayo fue disuelta en Buenos Aires por la policía a sablazos, produciéndose el tumulto consiguiente».
El gobierno conservador del general Roca comenzó a preocuparse y promovió la aprobación de un proyecto de ley presentado en 1899 por el inspirado senador Miguel Cané. El 22 de noviembre de 1902, la iniciativa del autor de Juvenilia quedó convertida en la ley 4144, conocida como «de Residencia». Contrariando hasta el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional, permitía la expulsión hacia sus países de origen de los extranjeros llamados «indeseables», es decir, militantes sindicales y sociales.
En la mayoría de los casos, el «agitador» extranjero expulsado a su país de origen, al llegar a su destino, era condenado a muerte o a cadena perpetua, cuando se trataba de emigrados que huían de las persecuciones y eran atraídos por la promesa de libertad declamada hasta el cansancio por los sucesivos gobiernos patrios. Ante esta grave situación, el gremio de los marítimos armó una pequeña línea de barquitos a la que llamó «Flotilla Libertaria», que recorría permanentemente el Río de la Plata entre los puertos de Buenos Aires y Montevideo para rescatar a los deportados que lograban arrojarse al agua desde los barcos. La Flotilla Libertaria logró rescatar en aquellos años a centenares de militantes que se reintegraron a la lucha.
Las condiciones miserables de vida continuaron y se agravaron y, pese a la represiva ley 4144, el movimiento obrero reaccionó enérgicamente y decretó a principios de noviembre de 1902, a través de la FOA, la primera huelga general de la historia argentina.
La primera década del siglo XX estuvo marcada por la acción sindical anarquista y la acción política del socialismo. Por aquellos años las ideas brotaban como de un manantial que se expresaba en el notable crecimiento de la difusión de los periódicos anarcosindicalistas, la fundación de bibliotecas y de las «Escuelas Modernas», que refutaban los conceptos y los contenidos de la educación oficial y capitalista; las huelgas generales y las grandes movilizaciones obreras. La rebelión en el «Granero del Mundo» parecía imparable.
El acto del 1º de Mayo de 1905 se realizó frente al Teatro Colón y mientras estaban haciendo uso de la palabra los oradores, el gobierno lanzó un escuadrón de 120 policías a caballo, los famosos «cosacos», contra la multitud, mientras que un escuadrón de bomberos policiales la atacó por otro frente. Sobre la plaza Lavalle quedaron tendidos cuatro muertos y más de cincuenta heridos. Los detenidos se contaron por centenas.
Un informe policial da cuenta de la detención de un obrero anarquista al que se lo encontró «famélico, en grave estado de desnutrición». El oficial escribiente detallaba que entre las pertenencias del detenido se encontraron 100 pesos y que al ser interrogado se le preguntó por qué no había usado parte de ese dinero para alimentarse; el detenido contestó con toda su poderosa y ejemplar humildad: «esa plata es del sindicato, de mis compañeros que tienen tanto hambre como yo pero dan lo poco que tienen para la causa redentora de la humanidad, para que sus hijos vivan un mundo que merezca ser vivido».

martes, 7 de abril de 2020

Resumen El principito

El principito es una narración corta del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, que cuenta la historia de un pequeño príncipe que parte de su asteroide a una travesía por el universo, en la cual descubre la extraña forma en que los adultos ven la vida y comprende el valor del amor y la amistad.
El principito es tenido como uno de los mejores libros de todos los tiempos y un clásico contemporáneo de la literatura universal.
Debido a su estilo sencillo y directo se lo ha considerado un libro para niños; no obstante, su profundo carácter reflexivo sobre la vida, la sociedad y el amor, lo convierten en una narración de interés para todos.
Fue publicado en abril de 1943, en Estados Unidos, puesto que, debido a la segunda guerra mundial, la obra no pudo ser imprimida en Francia.
El libro ha sido traducido a decenas de lenguas y adaptado a diversos formatos, como el teatro, el cine, la serie animada, el ballet y la ópera.

Resumen de El principito

El principito narra la historia de un piloto que, mientras intenta reparar su avión averiado en medio del desierto del Sahara, se topa con un pequeño príncipe proveniente del asteroide B 612, que le pide insistentemente que le dibuje un cordero y que nunca olvida una pregunta.
El piloto empezará a descubrir la fascinante historia del principito, que comienza en su asteroide, donde vivía con tres volcanes, uno inactivo, y se entretenía en arrancar las malas hierbas y ver puestas de sol.
Un día en el suelo del asteroide del principito nace una flor. El principito la cuida y atiende con dedicación, pero la flor es dramática y caprichosa, y esto le molesta. El principito entonces decide abandonar su asteroide y emprender un viaje por el universo en busca de un amigo.
En la travesía, que llevará al principito a visitar varios asteroides hasta llegar al la Tierra, conocerá a una variado grupo de excéntricos personajes que lo convencen de lo extraño que es el mundo de los adultos, tan ocupados siempre en asuntos serios e importantes, que se olvidan de disfrutar la vida.
En la Tierra, el principito entrará en contacto con animales, flores y personas. Será allí donde, antes de encontrar al piloto, conocerá al zorro, quien le revelará la importancia de la amistad y el valor del amor que siente hacia su flor. Será la nostalgia por ella y la decepción que le causa el mundo de los adultos lo que motivará al principito a regresar a su planeta.

Análisis de frases de El principito

Lo esencial es invisible a los ojos.
Esta frase se la dice el zorro al principito. Significa que el verdadero valor de las cosas se escapa a los ojos, pero no al corazón. Es una reflexión sobre aquellas cosas que, a veces, no somos capaces de ver, pues las observamos con una mirada superficial. No siempre lo más importante es lo evidente. Esta es una constante en el libro, que nos llama a ver más allá de las apariencias.
Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.
La frase se la dice el zorro al principito. Significa que las relaciones y los afectos se cultivan con el tiempo, y que es todo ese tiempo que les dedicamos lo que las hace valiosas para nosotros. Reflexiona sobre la importancia de dedicar tiempo a las cosas que queremos, y sobre la responsabilidad de ser constantes en nuestras relaciones, sean de amistad o de amor.
Si tú vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres comenzaré a ser feliz.
Esta frase se la dice el zorro al principito. Expresa la felicidad que nos produce la amistad y la forma en que este cariño se muestra en la necesidad imperiosa que sentimos de ver a alguien querido. Habla también de la importancia de cumplir con las expectativas de las personas que queremos y de la responsabilidad que asumimos ante ellas.
Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.
La frase se la dice el zorro al principito. Significa que cuando se ha cultivado una relación, de amistad o de amor con otra persona, esto nos convierte en corresponsables del progreso de esa relación. Nos recuerda que cuando “hemos domesticado” una relación con otra persona, nos hemos vuelto muy importantes el uno para el otro, y no podemos abandonarnos.
Solo hay que pedir a cada uno lo que cada uno puede dar.
Esta frase se la dice el rey al principito. El rey era incapaz de ordenar algo que no pudiera ser cumplido. Decía que para ser obedecido solo se debía mandar aquello que los demás estuvieran dispuestos a hacer. Es una frase que habla sobre la importancia de la bondad en el poder.

Personajes y elementos

El principito

El Principito
El principito es el personaje principal del relato. Vive en un asteroide, que abandonó para viajar por el universo en busca de un amigo.
Cuando llega a la Tierra conoce al piloto, al cual le cuenta sus impresiones sobre el mundo de los adultos, siempre tan ocupados en sus asuntos, y su incapacidad para darle valor a las cosas que realmente son importantes de la vida.
El principito representa el niño que todos llevamos dentro y los sentimientos de amor, esperanza e inocencia que alimentan nuestra vida. Su forma de ver el mundo motiva al piloto a escribir el relato para reencontrarse con el niño que alguna vez fue.

El piloto

El Piloto
El piloto es el narrador de la historia del principito. Conoce al principito cuando se  avería su avión en medio del desierto del Sahara.
Cuando era un niño quería ser dibujante, pero los adultos lo disuadieron de su propósito. Encuentra en el principito a un amigo, que entiende sus dibujos y le enseña, con sus historias y sus actos, el verdadero valor de las cosas. En el piloto se retrata la importancia de seguir nuestros sueños.

La flor

La Flor
La flor es el objeto de amor del principito. Pero su relación con ella es difícil. Pese a que la cuida y la protege con fervor, la flor es orgullosa, melodramática y caprichosa. Su comportamiento confunde al principito a tal punto que decide emprender un viaje a través del universo para separarse de ella. 
Es su recuerdo lo que hace al principito volver a su planeta. Simboliza el amor, que debe ser cultivado y atendido todos los días.

El zorro

El Zorro
El zorro es el primer amigo que encuentra el principito en su viaje. Le explica al  principito que la amistad es un proceso de domesticación, en que dos personas entablan una relación única, donde ambas se necesitan mutuamente. 
Es él quien enseña al principito el valor de la amistad y quien lo lleva a reflexionar sobre la relación que había cultivado con su flor, puesto que él la quería.

El cordero y la caja

El Cordero y la Caja
El principito le pide al piloto que le dibuje un cordero, pero no queda satisfecho con el resultado. El piloto dibuja una caja y le dice al principito que allí dentro está su cordero. Entonces el principito admite que era eso lo que quería. Este dibujo representa el poder de la imaginación.

El elefante dentro de la boa

El Elefante dentro de la Boa
El narrador cuenta que, cuando era un niño, dibujó un elefante dentro de una boa, pero los adultos no comprendieron el dibujo, apenas veían un sombrero, así que le aconsejaron que dejara los dibujos y se dedicara a cosas importantes. Debido a esto, el narrador olvida su carrera de dibujante y se dedica a la de piloto.
Años más tarde, cuando conoce al principito, le muestra el dibujo y este lo entiende al instante. Este dibujo simboliza lo engañosas que pueden resultar las apariencias y cómo la incomprensión de los otros puede motivarnos a tomar decisiones erradas.

El astrónomo

El Astrónomo
Un astrónomo turco fue el descubridor del asteroide B 612, hogar del principito. Sin embargo, cuando presentó su descubrimiento en un gran congreso de astrónomos, nadie dio crédito a su hallazgo debido a su vestimenta.
Años más tarde, volvió a hacer la presentación elegantemente vestido a la europea y, esta vez, todos aceptaron su descubrimiento.
En este sentido, nos hace reflexionar sobre la exagerada importancia que, en ocasiones, concedemos a la apariencia de las personas, llevándonos a juzgarlas negativamente, sin escucharlas y sin verdaderamente conocerlas.

Los baobabs

Los Baobabs
Todos los días, el principito limpia de hierbas el suelo de su planeta, previniendo que una de ellas pueda ser un baobab.
Los baobabs preocupan al principito porque son árboles que pueden llegar a crecer demasiado, al punto de destruir su pequeño planeta.
La disciplina del principito muestra la importancia del pensamiento preventivo y de atajar los problemas a tiempo, antes de que sean demasiado grandes.

La serpiente

La Serpiente
La serpiente es el primer personaje con que conversa el principito en la Tierra. Es un personaje sabio, que habla de un modo enigmático. En este sentido, tiene claras resonancias bíblicas. Será quien envíe al principito de regreso a casa, gracias a su mordida venenosa.

El rey

El Rey
El rey es un personaje que dice reinar sobre todo el universo. Pese a su afán de mandar, es un hombre de buen corazón: solo da órdenes que los demás puedan cumplir.
Como el rey no logra que el principito se quede en su planeta para servirle como súbdito, lo nombra embajador suyo cuando el principito se va. Representa la absurda necesidad de poder de los hombres.

El borracho

El Borracho
El borracho es un personaje que bebe para olvidar la vergüenza de beber. Al  principito lo entristece y asombra su actitud. Representa a aquellas personas que, para huir de la realidad, se refugian en un vicio.

El hombre de negocios

El Hombre de Negocios
El hombre de negocios es un personaje demasiado ocupado en sus cuentas como para atender al principito. Piensa que es rico y que posee todas las estrellas del universo. Es un símbolo de los adultos que pasan la vida esclavizados por la idea de una posesión ridícula y no son capaces de reconocer el valor de la vida que están desperdiciando.

El farolero

El Farolero
El farolero es uno de los personajes que más agradan al principito, pues al menos realiza una tarea útil. Su objetivo es encender un farol de noche que luego debe apagar durante el día. Pero su planeta gira tan rápido que su trabajo comienza a resultarle extenuante. Representa a las personas que se entregan irreflexivamente a sus tares, a veces sin reflexionar sobre el sentido de sus acciones.

El geógrafo

El Geógrafo
El geógrafo es un hombre con muchos conocimientos sobre la geografía. Cuando el  principito lo interroga sobre la geografía sobre su propio planeta, descubre que, paradójicamente, no sabe nada de este.
El geógrafo representa la incapacidad para advertir el valor de lo que está a nuestro alcance, de nuestra realidad. Es él quien revela al principito la condición efímera de las flores, lo cual lo entristece mucho.

El vanidoso

El Vanidoso
El vanidoso es un personaje excéntrico, que vive solo en su planeta, pero que tiene una enorme necesidad de ser admirado y elogiado por los otros. Es una representación de aquellos que solo se preocupan de lo que los demás opinan de ellos.

Sobre Antoine de Saint-Exupéry

Antoine de Saint-Exupéry, autor de El principito, nació en Lyon, Francia, en 1900, y murió en la isla de Riou, Francia también, en 1944. Fue aviador y escritor. Parte de su experiencia como piloto le sirvió de inspiración para escribir El principito. La mayor parte de su producción literaria fue escrita durante su exilio en Estados Unidos, país al que fue destinado con la misión de convencer al gobierno norteamericano de declarar la guerra a Alemania durante la segunda guerra mundial.

Solo sé que no sé nada "Sócrates"


Solo sé que no sé nada


Ever Arrieta
Revisión técnica por Ever Arrieta • Filósofo, historiador y traductor

Qué es Solo sé que no sé nada:

“Solo sé que no sé nada” o "solo sé que nada sé" es una famosa frase atribuida al filósofo griego Sócrates (470-399 a. de C.), en la que este filósofo expresa que es consciente de su propia ignorancia.
La frase se atribuye al filósofo Sócrates, pero en vista de que no dejó prueba escrita, Platón —uno de sus discípulos— la plasmó en sus obras que contienen las enseñanzas del filósofo.
En el libro Apología de Sócrates, además de exponer una versión del discurso de defensa de Sócrates ante los tribunales atenienses tras ser sentenciado a muerte, Platón expresa que la filosofía de Sócrates se basa en la admisión de su ignorancia, pues la sabiduría procede del reconocimiento de dicha ignorancia, tal como lo indica su frase: “solo sé que no sé nada”.
En relación al origen de esta frase, existen dos vertientes:
  • Surgió de una conversación con los atenienses que Sócrates afirmó que no tenía buenos conocimientos, mientras que era visto por ellos como un sabio en diferentes áreas.
  • La frase en estudio fue expresada por Sócrates cuando el Oráculo de Delfos declaró que Sócrates era el hombre más inteligente de Grecia.
Existen testimonios que revelan que la frase en estudio es la versión sintética, por lo que se usa siempre la primera parte pero esta también puede ir acompañada de una segunda, presentando esta misma algunas variantes, como el siguiente caso: “solo sé que no sé nada y, al saber que nada sé, algo sé”, “solo sé que no sé nada, y esto cabalmente me distingue de otros filósofos, que creen saberlo todo”.

Análisis de la frase “solo sé que no sé nada”

Como tal, Sócrates con esta frase expresaba que su sabiduría no se basaba en hacer conocimiento sobre algo, sino que declaraba su ignorancia sobre diferentes saberes. Así, Sócrates no se describía como portador del saber, sino como alguien con la voluntad de aprender cada día más.
Esta frase propone la idea de que el individuo no tiene la verdad absoluta, y que es importante que este tenga la disponibilidad y voluntad de aprender, así como de adquirir nuevos saberes.
Asimismo, se trata de tomar una posición en la que una persona reconoce los límites de su conocimiento sobre algún tema determinado, buscando aprender constantemente, evitando hablar como si conociera todo, cuando se ignora el contenido del mismo.
En consideración de todo lo expresado anteriormente, aprender puede ser una forma de vida, en la cual el individuo admite que hay límites para todo aquello que realmente puede saber, estando dispuesto a adquirir nuevos conocimientos y a mejorar cada día.
Para finalizar, el ignorante cree saberlo todo, cree tener la razón e, incluso, es ignorante de su propia ignoración. Por el contrario, el sabio reconoce que aún hay mucho por aprender de los otros y del entorno, si desea ampliar sus conocimientos y ganar nuevas perspectivas sobre un tema.
El hecho de reconocer que los conocimientos no tienen límites, que no todo está plasmado o dicho, es lo que separa a los sabios de los verdaderos ignorantes.

Método socrático

En primer lugar, Sócrates usaba como método el dialogo para llegar a la verdad, realizando preguntas a los interlocutores hasta que ellos mismos llegaran a una conclusión válida. Generalmente, la conclusión era que no sabían nada o muy poco.
Algunos filósofos afirmaban que el método socrático constaba de dos fases: ironía y mayéutica. Aunado con el razonamiento inductivo que ayudaría alcanzar la definición universal del término, objeto de investigación.
En relación con la ironía, Sócrates tenía como objetivo en hacerle creer a su interlocutor su ignorancia para poder obtener conocimientos sobre algo.
En cuanto al método de la mayéutica, este proviene del griego maieutiké (o el 'arte de asistir en el parto) y se trata de ayudar al discípulo a encontrar en sí mismo la forma de alcanzar el conocimiento, a través del diálogo. Este método conlleva cuestionar aquello que se cree saber de antemano y reconocer ese hecho.